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Acuerdos Comerciales con Latinoamérica

Acuerdos Comerciales con Latinoamérica

Fidel Santana

Sin pretender un análisis exhaustivo de los grandes ciclos histórico-económicos de los últimos siglos, queda claro que el telón de fondo detrás de las revoluciones anti feudales europeas fue la aspiración burguesa de dejar atrás la fragmentación político-geográfica que imponía trabas extorsivas para la libre circulación de mercancías, en momentos en que estaba en auge una gran explosión productiva fruto de la revolución industrial que se había iniciado durante la segunda mitad del siglo XVIII.

La evolución natural de ese proceso condujo el establecimiento de los estados nacionales, expresiones de una unidad territorial, política y tributaria, que aseguraba la lógica del intercambio de mercancía sin tener que pagar derechos de circulación a cada feudo o principado.

Posteriormente, la idea inicial del libre mercado se vistió de proteccionismo, pretendiendo que bajo el esquema de barreras arancelarias se impidiera la entrada de las mercancías producidas en otras naciones, levantando la especie ideológica de la búsqueda de la autarquía y el desarrollo de las burguesías nacionales. En alguna etapa esta visión se vio potenciada por el estatismo industrial, que alcanzó un significativo despliegue en muchos países, aún con sus exageraciones y distorsiones.

En la más reciente etapa, hemos avolucionado hasta convertirnos en un mundo globalizado con tendencia a la libre circulación de mercancías, originándose un proceso de integración que ha implicado la interdependencia de las sociedades entre sí, determinada por crecientes flujos comerciales, económicos y financieros, mientras las comunicaciones a través de internet acortaron las distancias, todo lo cual ha posibilitado que el inmenso y diverso complejo social humano revolucionara para convertirse en la “aldea global” que el llamado “profeta de los medios”, Marshall Mclujan, vislumbró sin imaginar siquiera el alcance de su metafora.

Esta más reciente fase de expansión del sistema capitalista mundial se hace acompañar de la apertura de los sistemas económicos nacionales, lo que ha implicado el aumento del comercio internacional a niveles nunca antes vistos, junto a la expansión de los mercados financieros, cada vez más concencentrados en manos de una plutocracia global.

En el orden económico las recetas neoliberales han determinado desmantelar los aparatos productivos nacionales y concentrar los esfuerzos en la búsqueda de nichos de mercado que garanticen ventajas competitivas. Este esquema tantas veces discutido se instaló en medio de un escenario de innovación tecnológica permanente reproduciendo los esquemas de explotación vigentes durante siglos,  que otorgan a los países más ricos los nichos productivos más ventajosos y relegan a los desfavorecidos a seguir supliendo materias primas y mano de obra barata, en un renovado y complejo esquema de intercambio desigual entre las naciones, que ha ahondando las brechas de las desigualdades.

Como nación, nos toca sobrevivir y crecer en este nuevo ordenamiento económico global, en el que han surgido los llamados bloques económicos, como agrupamiento de países con el propósito de obtener beneficios mutuos en el comercio internacional, sin dejar de lado los propósitos geopolíticos que le acompañan.

En la actualidad la mayor parte de los bloques económicos están definidos por una tendencia regionalista, aunque la mayoría de los países siguen manejando sus relaciones comerciales en base a vínculos bilaterales o en base a los llamados acuerdos de libre comercio. Lo lógico es que los países del Sur aprendamos a aprovechar esta realidad, que es en muchos sentidos desfavorable para países con no muy elevados niveles de competitividad, como es el nuestro.

La Respública Dominicana es uno de los países que maneja sus relaciones comerciales bajo este último esquema de vínculos bilaterales, aparte del Caricom y del DR-CAFTA que han dado origen a zonas de libre comercio con los países del Caribe, el primero, y por la fuerza de atracción de nuestro principal socio comercial, en el segundo caso nos vinculamos con los Estados Unidos y Centro América. No obstante, a mi humilde consideración, sigue pendiente en el país la agenda de integración con los principales mercados de Latinoamérica.

En la región, el marco de entendimiento más antiguo ha sido la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), que surgió como resultado del Tratado de Montevideo en el año 1980.  Desde sus inicios este esquema de alianza se ha propuesto la conformación de un mercado común latinoamericano bajo los principios de pluralismo politico y económico y, lo más importante, reconociendo la necesidad de tratamientos diferenciales en base al nivel de desarrollo de los países miembros y asumiendo un criterio de multiplicidad en las formas de concertacion de instrumentos comerciales.

Esta asociación latinoamericanista en la que actualmente participan 13 países, con un mercado de mas de 510 millones de habitantes, ofrece muchas oportunidades para las exportaciones dominicanas. Eso lo he podido verificar en Uruguay, país en el que bajo un esquema comercial que permita el ingreso de nuestros productos sin las trabas arancelarias actuales, podríamos mejorar por mucho nuestra actual balanza comercial, deficitaria en una relación 96 a 4 por ciento en el total del comercio entre las dos naciones, ya que existen importantes nichos de mercado en los que podríamos ser competitivos.

Un hito importante en dirección a agotar esta agenda pendiente es la reciente firma de un Memorandum de Entendimiento entre la República Dominicana y el Mercosur, en el que se acuerda el establecimiento de un grupo de trabajo conjunto para la promoción del comercio, las inversiones y el encadenamiento productivo.  Esta iniciativa, además de fortalecer las relaciones con Suramérica, me parece que constituye un paso de gigantes en el necesario abordaje de una agenda que permita al país cobijarse bajo esquemas asociativos con los iguales, procurando mejorar el desempeño comercial que hasta hoy hemos logrado. Enhorabuena.

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