El Ministerio de Interior y Policía no es un concurso de simpatía. Las estadísticas de seguridad, las decisiones institucionales y los resultados concretos deben pesar mucho más que cualquier encuesta de popularidad personal.
EDITORIAL DE NUESTRAS INSTITUCIONES PÚBLICAS
Desde Nuestras Instituciones Públicas, el portal privado oficial dedicado a informar, destacar y reconocer las acciones de las instituciones públicas y sus funcionarios en la República Dominicana, consideramos oportuno expresar nuestra valoración sobre la gestión de la ministra de Interior y Policía, Faride Raful, quien asumió esta importante responsabilidad el 16 de agosto de 2024.
Nuestra posición parte de una convicción fundamental: un funcionario público no debe ser evaluado exclusivamente por su popularidad, sino por su capacidad de cumplir responsabilidades, enfrentar problemas y producir resultados.
Y si existe una posición dentro del Gobierno dominicano donde esta diferencia resulta especialmente importante, es precisamente el Ministerio de Interior y Policía.
Quien ocupa esa responsabilidad debe enfrentar situaciones complejas, tomar decisiones difíciles, aplicar regulaciones, enfrentar intereses particulares y responder ante una ciudadanía que exige seguridad, tranquilidad y resultados.
Muchas de esas decisiones, aunque sean necesarias, pueden provocar críticas, incomodidades y hasta afectar la popularidad de quien las ejecuta.
FARIDE NO PARECE ESTAR BUSCANDO SER UNA SUPERESTRELLA DE LA POPULARIDAD
Desde nuestra perspectiva editorial, Faride Raful no parece estar desempeñando sus funciones con el propósito de convertirse en la funcionaria más popular del Gobierno.
Si esa fuera su principal aspiración, probablemente habría concentrado mayores esfuerzos en construir una imagen personal extraordinariamente favorable, recurriendo a estrategias intensivas de publicidad, relaciones públicas y posicionamiento mediático.
Conocemos cómo funciona la comunicación política. Existen funcionarios que dedican enormes esfuerzos y presupuestos millonarios a promover su imagen, multiplicar su presencia en los medios y proyectar una popularidad que no necesariamente guarda relación con sus ejecutorias.
No cuestionamos la importancia de comunicar las acciones gubernamentales. La comunicación institucional es necesaria. Lo que cuestionamos es confundir la promoción personal con la eficiencia administrativa.
Una cosa es ser popular y otra muy diferente es ser eficiente. Una cosa es recibir aplausos y otra es producir resultados.
En Faride Raful observamos una funcionaria que ha asumido una de las posiciones más difíciles del Gobierno, donde cada decisión puede generar controversias y donde resulta prácticamente imposible satisfacer a todos los sectores.
LAS ESTADÍSTICAS TAMBIÉN TIENEN ALGO QUE DECIR
Algunos estudios de opinión pueden presentar niveles de popularidad que generen cuestionamientos sobre la ministra.
Sin embargo, sería un error convertir esos resultados en una sentencia definitiva sobre su desempeño.
Existen indicadores oficiales que merecen ser examinados.
De acuerdo con el informe de la Fuerza de Tarea Conjunta divulgado el 16 de octubre de 2026, la tasa acumulada de homicidios se situó en 7.29 por cada 100,000 habitantes, con datos actualizados al 9 de octubre.
El reporte establece una reducción interanual del 16.6 % y señala que 30 de las 35 demarcaciones evaluadas mantienen tasas de homicidios de un solo dígito.
Estos resultados, correspondientes al trabajo conjunto de las instituciones de seguridad, constituyen indicadores relevantes que deben formar parte de cualquier evaluación objetiva.
También deben considerarse los avances comunicados por las autoridades en la reforma policial, el fortalecimiento del patrullaje preventivo, la modernización de los destacamentos, la profesionalización de los agentes y los programas de prevención de la violencia.
Entre las cifras oficiales divulgadas durante 2026 figuran el incremento de la capacidad operativa policial de 34,000 a 46,200 agentes y una reducción reportada del 35 % de los robos en zonas piloto del nuevo modelo de patrullaje.
A esto se suman las iniciativas comunitarias, las mesas locales de seguridad, las acciones contra las armas ilegales y los esfuerzos de coordinación entre instituciones.
Son resultados y acciones que deben examinarse con rigor, sin atribuir exclusivamente a una funcionaria los logros de todo un sistema.
LA POPULARIDAD NO PUEDE ESTAR POR ENCIMA DEL DEBER
¿De qué serviría tener una ministra extraordinariamente popular si los problemas de seguridad ciudadana permanecieran sin atención?
¿Y sería justo descalificar a una funcionaria únicamente porque determinadas decisiones afectan su nivel de simpatía?
Nosotros entendemos que no.
El verdadero liderazgo institucional no consiste en agradar permanentemente a todos los sectores, sino en actuar con responsabilidad, respetar las leyes y defender el interés colectivo.
Eso tampoco significa que Faride Raful esté libre de errores o que su gestión no deba ser cuestionada.
La inseguridad, la violencia intrafamiliar, los conflictos sociales, la delincuencia y la necesidad de profundizar la reforma policial siguen representando desafíos importantes.
Precisamente por eso, la ministra debe continuar demostrando con hechos la efectividad de sus políticas.
NUESTRA POSICIÓN: MÁS RESULTADOS Y MENOS CONCURSOS DE POPULARIDAD
Desde Nuestras Instituciones Públicas consideramos que la gestión de Faride Raful merece una evaluación justa, equilibrada y sustentada en resultados verificables.
No estamos frente a una figura del entretenimiento cuya principal responsabilidad sea conquistar aplausos.
Estamos frente a una funcionaria que dirige una institución vinculada directamente con la seguridad, el orden público y la convivencia ciudadana.
El país necesita funcionarios que trabajen para resolver problemas, no simplemente para encabezar encuestas de simpatía.
Por eso, reconocemos los esfuerzos institucionales realizados durante su gestión y respaldamos toda decisión responsable que contribuya a fortalecer la seguridad ciudadana, siempre dentro del respeto a los derechos fundamentales.
Nuestro reconocimiento no significa desconocer los problemas pendientes. Significa entender que el trabajo público debe valorarse con criterios más profundos que la popularidad personal.
Porque una encuesta puede medir cuánto agrada una funcionaria, pero no necesariamente cuánto ha contribuido a transformar una institución.
Faride Raful no tiene que ganar un concurso de popularidad. Tiene que contribuir a que los dominicanos vivan más seguros.
Y esa, desde nuestra perspectiva, debe ser la verdadera medida de su gestión.
NUESTRAS INSTITUCIONES PÚBLICAS
El portal privado oficial dedicado a informar y reconocer las acciones de las instituciones públicas y sus funcionarios en la República Dominicana.













