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Editorial -Julio Landrón y el SNS: cuando la salud pública recibe a un gerente.

En Nuestras Instituciones Públicas felicitamos al doctor Julio César Landrón de la Rosa por su designación como director ejecutivo del Servicio Nacional de Salud (SNS), mediante el Decreto 6-26. Llega a una de las responsabilidades más exigentes del Estado: dirigir la red que sostiene la atención de millones de dominicanos en el día a día, donde la salud no es teoría… es urgencia, es familia, es vida.

Su nombramiento no es un “simple cambio de nombres”. Se realizó conforme al marco institucional previsto por la Ley 123-15, a partir de una terna propuesta por el Ministerio de Salud Pública y con la aprobación del Consejo Directivo del SNS. Ese detalle importa: porque cuando la institucionalidad se respeta desde el inicio, también se puede exigir institucionalidad en la gestión.

Pero lo más relevante no es el papel: es el perfil. Landrón llega al SNS con una combinación que no se improvisa: médico cirujano ortopedista, con maestría en Salud Pública y formación complementaria en alta gerencia y gestión empresarial en salud. Esa mezcla de clínica y gestión —de sala de emergencia y administración— es la que hoy necesita la red pública: decisiones con sensibilidad humana, sí, pero también con método, métricas y resultados.

Previo a este reto nacional, se desempeñó como director del Hospital Traumatológico Dr. Ney Arias Lora, un centro donde el “caos” de la emergencia traumatológica exige liderazgo real: protocolos, equipos cohesionados, disponibilidad, respuesta rápida, coordinación con el sistema. Además, su trayectoria registra experiencia en dirección provincial de salud en Sánchez Ramírez, y roles vinculados a docencia y jefatura de residentes en el Hospital Darío Contreras. Eso no es un adorno curricular: es experiencia directa en la “línea de fuego” del sistema.

También pesa su vínculo con la comunidad profesional: se le ha identificado como figura de liderazgo en el ámbito de la ortopedia y traumatología, con participación en espacios y sociedades del área, además de referencias a experiencia como consultor en salud. Dicho de forma llana: no llega desde una burbuja administrativa; llega desde un ecosistema donde la presión por resultados es permanente y el escrutinio técnico también.

Ahora bien, dirigir un hospital grande no es lo mismo que dirigir el SNS. El SNS es territorio completo: hospitales regionales, provinciales y municipales; necesidades distintas; brechas históricas; demandas acumuladas; y un país que ya no se conforma con promesas. Por eso, el reto de Landrón es claro: convertir la gestión en evidencia. Evidencia en reducción de tiempos de espera donde se pueda; evidencia en abastecimiento y mantenimiento; evidencia en calidad del trato al paciente; evidencia en eficiencia del gasto; evidencia en transparencia y rendición de cuentas. Porque si algo se aprendió en estos años es que la salud pública se evalúa con una pregunta simple: ¿me atendieron bien y a tiempo cuando lo necesité?

Hay algo, sin embargo, que juega a su favor: la forma en que inicia. Llega por la vía institucional, con un decreto formal y un proceso que deja trazabilidad. Y llega con un perfil que une gerencia hospitalaria y visión de salud pública, un binomio que suele marcar diferencia cuando el objetivo es reorganizar, priorizar y ejecutar.

Por eso lo decimos sin rodeos: esta no es una posición para “pasar sin pena ni gloria”. Es una silla para dejar huella. Y el doctor Landrón tiene dos caminos: administrar el día a día o construir una gestión que la gente sienta. La segunda es la que el país necesita: una gestión que convierta el SNS en sinónimo de respuesta, dignidad y confianza.

Desde Nuestras Instituciones Públicas, que es el portal oficial para informar y reconocer el trabajo de las instituciones y sus funcionarios, le reiteramos nuestras felicitaciones al nuevo director del SNS. Y lo decimos también con responsabilidad: estaremos atentos a sus primeras decisiones, sus prioridades y su ritmo de ejecución para destacar sus pasos. Porque cuando un servidor público asume una misión de este tamaño, el mejor aplauso no es el discurso… es el resultado.

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