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Denuncian malas prácticas en Salvador Gautier y piden intervención del presidente Abinader

La abogada Selenny Polanco Lovera denunció que su hermano Daniel de Jesús Lovera Valdez falleció el pasado 14 de septiembre de este año 2020 en el hospital Salvador Gautier a causa de malas prácticas médicas que se le aplicaron mientras estuvo internado en el centro hospitalario a causa de una afección cardíaca.

La profesional emitió un comunicado contando lo sucedido para alertar a la población y a las autoridades acerca de la situación. A su vez, le pidió al presidente Luis Abinader que visite el hospital.

Un dolor lacerante es el que se siente el saber que la vida de ese ser humano que fue tu hermano, tu padre, madre, hijo o amigo se ha perdido por la indiferencia, la insensibilidad y la incompetencia de los médicos que le atendieron. Y sin menos culpa un sistema público de salud fracasado, al punto de ser paupérrimo, que nadie tiene la firme intención de transformar porque los usuarios son los pobres.

A mi hermano Daniel de Jesús Lovera Valdez le tocó la desgracia de que la ambulancia lo llevara al Salvador Gautier, un hospital arruinado y mal gestionado, donde son muchos los enfermos que ingresan y pocos los que salen curados. La emergencia es una película de terror, un escenario con limitaciones hasta lo inimaginable, lleno de estudiantes y médicos residentes, donde los pacientes son los cadáveres para practicar. Se práctica con la vida y se aprende con la muerte.

Existe en cada paciente y sus familiares una esperanza profunda, y no formulada, de que contará con la fraternidad, empatía, conocimiento y experiencia del médico que lo atiende. En el Salvador Gautier cada día de internamiento va quebrando esa esperanza, a tal punto de que deja de ser esperanza para convertirse en desesperanza. A mi hermano le dolía el pecho, lo recogió la ambulancia en la casa, y salió por sus propios medios, es decir, caminando hasta la calle para abordar la ambulancia; llegó a eso de las doce del mediodía al hospital.

Al otro día, a eso de las ocho de la mañana, le practicaron un cateterismo. Antes de practicarle el procedimiento no tuvo ningún evento más allá del que presentaba cuando llegó al hospital.

A partir de ese momento todo fue sufrimiento y dolor para él, y angustia e impotencia para nosotros, sus familiares.

Salió de la sala de cirugía para cuidados intensivos, necesitando sangre con carácter de urgencia y en estado delicado.

Las atenciones en la unidad de cuidados intensivos, que deben ser de alta complejidad, con un personal especialmente calificado, en la unidad del Salvador Gautier esa complejidad pasa a ser pura y simple. El deterioro de las instalaciones te golpea en la cara nada más abrir la puerta, la higiene no se percibe; el único equipo, un monitor cardíaco, desfasado, sucio y que por añadidura tampoco funcionaba bien, me explicó el médico. Todo lo que se necesitaba había que ir a comprarlo, sin ningún control, dadas las circunstancias de la pandemia.

Olvidaron retirar el compresor de hemorragia que le colocaron en el brazo para practicarle el cateterismo, y que debía retirarse unas horas después, sin embargo se lo retiraron a los tres días cuando la hinchazón, el dolor y quemazón en el brazo eran insoportables, según manifestara nuestro hermano. Comenzó a presentar dificultad leve para respirar y dolor en toda la región del pecho y espalda, y tuvimos que trasladarlo fuera del hospital para hacerle una tomografía: el resultado fue una infección en los pulmones; ante el hallazgo, se le mandó a hacer una prueba PCR, de COVID-19. Los resultados fueron negativos.

De cuidados intensivos lo trasladaron a una habitación normal porque había superado el cateterismo. Sin embargo, seguía presentando dificultad leve para respirar. A medida que pasaban los días comenzó a sentir dolor generalizado, hinchazón en las piernas, taquicardia, que iba y venía. Pasaron varios días en ese estado. Los médicos decían que ese dolor no tenía razón de ser, que era psicológico.

El último día que lo vi estaba muy deteriorado y con escasa atención médica. No tenía suero puesto, le habían prohibido darle líquido, y él rogaba para que le dieran un poco de agua. Salí a buscar un médico, y le manifesté que no le estaban dando atención a esa situación. Se indignó y me enfrentó, y me dijo: “Cómo se atreve a decir que no se le ha dado atención, se le hizo un cateterismo, le salvamos la vida. ¿Cuántas veces ha venido usted a ver al paciente? Es la primera vez que le veo”. Es preciso aclarar que mis dos hermanas y algunos de sus hijos habían estado ahí todo el tiempo con él y yo había ido varias veces, y le respondí diciéndole que eso no era lo que importaba, que por favor fuera a ver el paciente; me dio la espalda y se marchó.

A los dos días de la discusión lo ingresaron de nuevo en cuidados intensivos, le mandaron a hacer un análisis, que hicimos fuera de la institución, y ahí se determina que tiene una septicemia. Cogió una bacteria en el hospital. Ya todos sus órganos estaban comprometidos, razón por la que tenía dolor generalizado y presentaba esos síntomas. El análisis de laboratorio se le mandó a hacer muy tarde, más bien demasiado tarde, a pesar de todos los síntomas que presentaba.

Mi hermano muere dos días después, el 14 de septiembre de 2020; ya nada se puede hacer. Pero escribo este artículo, porque, si no denunciamos, no promovemos los cambios que necesita el sistema de salud, porque son muchos los que mueren por falta de atención médica apropiada, porque los pobres en su gran mayoría guardan silencio, y fueron muchos los que murieron mientras estuvimos ahí en el hospital; pudimos sentir el dolor y la frustración de sus familiares sin poder expresar su descontento. Y finalmente hago un llamado al presidente Luis Abinader para que haga una visita al Hospital Salvador Gautier.

*El correo electrónico de Selenny Polanco Lovera es selennylovera@hotmail.com

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