En un país donde la política social suele medirse por promesas, hay gestiones que se distinguen por algo más difícil: arrancar trabajando, ordenar prioridades y hablar con claridad sobre lo que se va a hacer y dónde se va a hacer. Eso es lo que empieza a proyectar la coordinación del Gabinete de Políticas Sociales bajo el liderazgo de Geanilda Vásquez, designada mediante el Decreto 2-26 el 6 de enero de 2026.
En Nuestras Instituciones Públicas el “portal privado oficial” que observa, reconoce y da seguimiento a las acciones del Estado entendemos que el ciudadano necesita señales tempranas para creer. Y en un tiempo breve, la nueva coordinadora ha enviado varias señales: método, enfoque y sentido de urgencia.
6 de enero de 2026: un relevo con una definición clara de rol
El anuncio de su designación fue directo: el Gobierno cambia la coordinación del Gabinete de Políticas Sociales y coloca a una funcionaria con trayectoria pública y capacidad de articulación institucional. No se trató solo de un cambio de nombre; fue el inicio de una etapa en un espacio donde la coordinación siempre es el verdadero poder: coordinar programas, unir instituciones, evitar duplicidades y lograr que la ayuda llegue donde tiene que llegar.
8 de enero de 2026: juramentación y tono de gestión
Dos días después, el 8 de enero, la juramentación encabezada por Raquel Peña dejó claro el mandato: una gestión social “articulada, eficiente y cercana a las familias”, con presencia en comunidades y coordinación real del Estado. Esa es la base de una política social que no sea discurso, sino ejecución.
La propia Vásquez asumió con un mensaje alineado a resultados: trabajar para que las políticas públicas lleguen “de manera efectiva” a quienes más lo necesitan y fortalecer el seguimiento de iniciativas contra la pobreza. Ese énfasis en seguimiento no es un detalle: es lo que separa un programa “anunciado” de un programa “cumplido”.
13 de enero de 2026: prioridades concretas y primer territorio en la mira
El 13 de enero, la coordinación ya habló en términos de agenda y metas: anunció ejes prioritarios como “Hambre Cero”, el cambio de pisos de tierra por cemento y la sustitución de fogones de leña por estufas de gas, incluyendo la identificación de unas 1,500 estufas para impactar los primeros hogares. Y, además, algo que la gente entiende de inmediato: un punto de intervención inicial, el sector Capotillo.
Ese orden (prioridades + recursos identificados + territorio) es lo que normalmente tarda semanas o meses en instalarse en una nueva coordinación. Aquí, en cuestión de días, ya hay un mapa de acción comunicable, medible y enfocado.
¿Qué cualidades proyecta esta etapa inicial?
Sin inventar méritos: lo que los hechos y las fuentes oficiales dejan ver es una funcionaria con capacidad de dirección, enfoque en articulación, y un estilo que apuesta por lo humano y lo práctico. A eso se suma una formación y experiencia de Estado: su perfil público la describe como abogada, con estudios de gerencia pública y experiencia en roles gubernamentales y diplomáticos, un combo útil para coordinar instituciones y ejecutar políticas en territorio.
Hoy, cuando muchos ciudadanos dudan de todo, una gestión social se gana el respeto cuando pone fechas, define prioridades, baja al barrio y anuncia acciones verificables. En tan poco tiempo, esa es la película que empieza a proyectarse.
Desde este portal oficial en dar seguimiento a las acciones de los funcionarios públicos , seguiremos observando la gestión de Geanilda Vasquez . Pero también corresponde decirlo cuando se ve: el arranque va en dirección correcta. Y cuando el Estado se organiza para servir mejor, el país entero respira un poco más.
